miércoles, 16 de octubre de 2019

ENCUENTRO BAJO LA NIEBLA





Hace algunos días, como de costumbre madrugué a caminar por las calles de mi barrio, pero al abrir la puerta me encontré con una densa neblina que inmisericorde todo lo cubría. Después de abrigarme convenientemente, me decidí a hacer la ronda matutina e irme hasta la plaza principal a contemplarla cubierta por la bruma y aprovechar para tomar un "lamparazo" en alguno de los cafés ubicados en el marco de la misma. La soledad era infinita, apenas uno o dos transeúntes despistados, la catedral casi invisible y la estatua de Simón Bolívar sobre su frío pedestal, como si nada. De pronto, en medio de la penumbra, tropecé con alguien: al levantar la vista me topé con unos bellos ojos azules que apenas se asomaban por entre la rendija del pasamontañas que ocultaba el rostro de una enigmática dama.


EN LA BRUMA
(Jotabé espejo)

Entre la bruma vuelan confundidos
mis pensamientos por ahí perdidos.

Misteriosa... ha bajado la neblina
del cielo hasta la plaza travertina,
cubriendo con su manto la rutina
de la infalible ronda matutina.

Cubrió también mi ser acongojado
que vagaba silente y abrumado

intentando encontrar, quizá dormidos,
  furtivos besos en cualquier esquina...
mas todo estaba por doquier nublado.


Seguí deambulando anonadado,
 errante cual viajera golondrina
que añora recalar en otros nidos.

Absorto en la penumbra, despistado
y en medio de la calle emparamado:

Me topé... a una rubia "signorina"
de azules ojos como aguamarina,
con seductor perfume, ropa fina
y anhelos de beber en la cantina.

 Copas amargas, ósculos fingidos...
en la calígine invernal sumidos.

__________________

Derechos Reservados Copyright © 2019
Rafael Humberto Lizarazo G.

Imagen: Plaza de Boívar, Tunja
(Del facebook, Mi Boyacá)


viernes, 11 de octubre de 2019

AROMÁTICOS MANOJOS...





Casi todos los santos días la veo ahí, en la esquina de Santa Bárbara, sentada en un butaquito amarillo y abrigada con su florido pañolón ofreciendo a los transeúntes las preciadas hierbas aromáticas que ella misma cultiva en el pequeño solar de su entrañable ranchito. Con su canasto cargado al hombro, camina constantemente desde su alejado y humilde hogar hasta el 'sitio de trabajo', trayendo consigo una docena de perfumados manojos: labora desde las ocho de la mañana hasta cuando termina de vender su mercancía. Seis mil pesos es todo que recibe por el total de la venta, no desconfía de la gente, recibe las monedas y sin contarlas las mete en una desgastada bolsita de cuero que porta colgada a su cuello. "Para las necesidades", susurra haciendo cuentas alegres, y emprende el camino de regreso.


CLEMENTINA
(Musa y coletilla)

Hierbecitas en la esquina
con esmerada atención,
para el asma y la tensión
vende doña Clementina.

Ella es médica muy fina
de grande reputación,
no tiene equivocación
y a todo dolor le atina.

Cada que paso me ofrece
(porque adivina mi antojo)
de las hierbas el manojo
que en su solarcito crece.
"Si algo grave le acontece
yo le brindo solución:
tengo el poleo, el cedrón,
la ruda y la berenjena,
manzanilla o hierbabuena
para el mal del corazón".

Con buenísima intención
me receta diariamente,
además del té caliente
quince gotas de limón.

__________________

Derechos Reservados Copyright © 2019
Rafael Humberto Lizarazo G.

Imagen: La señora Clementina
 (Foto propia, del móvil)


sábado, 5 de octubre de 2019

AHOGANDO LAS PENAS...





–¡Hola, mi chino! ¿Cómo le ha ido? ¿Qué milagro'e verlo? –me dijo don Leonidas cuando nos topamos en la tiendecita de la esquina–, ¿qué me cuenta de nuevo?, ¡siéntese y tómese alguito! –Milagro que "sumercé" no hace, don Leo, poco se soma por estos lares –le contesté recibiéndole la primera. Después de un rato comenzó a contarme sus pesares: –Cómo le parece que la "patialegre" de la Rosana me resultó traicionera, yo que era un viudo resabia'o me dejé tentar por su belleza y míreme ahora vuelto harina y despecha'o porque la sinvergüenza me la jugaba con un policía tan joven como ella, menos mal que la "pillé" a tiempo y pude sacarle el quite antes de que me dejara limpio. Eso sí, pa'despedirla se la hice bien bonita –concluyó echándose la otra pechada y se puso a cantar un viejísimo tango arrabalero. Casi amanecemos entonando tangos, rancheras y valses... pero ahogamos las penas.


AGRAVIO
(Soneto)

Para que no digas que fui muy ingrato,
para que no digas que fui duro y cruel:
bajo la almohada te dejé un retrato
y sobre la misma rosado clavel.

La imagen pintada con tinte barato,
el clavel con sangre de mi herida piel;
me diste placeres de amor por un rato
y besos amargos de melaza y hiel.

Cuando tú pasaste por mi lado un día
de tanto donaire prendado quedé,
  mas fue un espejismo de la vanidad.

Me ofreciste impura tu sábana fría
y caricias falsas, ¡ya muy bien lo sé!
Pero mi cariño... sí fue de verdad.

__________________

Derechos Reservados Copyright © 2019
Rafael Humberto Lizarazo G.

Imagen: La tienda de la esquina,
Iza, Boyacá. (Foto propia)




Buscar en este blog