martes, abril 23, 2019

ABRIL, OTRA VEZ ABRIL...





Hoy recuerdo que de niño soñaba con ser ciclista o torero o pintor o poeta o algún cantante de esos que sonaban en la radio, pero nunca pensé ser ingeniero, eso sucedió por mera casualidad: andaba yo deambulando por los alrededores del pueblo, cuando al pasar por las vías del ferrocarril vi a un señor de casco blanco dirigiendo una cuadrilla de obreros que trabajaban sobre la carrilera. Me acerqué para indagar lo que hacían. "Soy Director de Mantenimiento", me dijo. "Estamos nivelando la vía férrea para evitar los accidentes". Tal vez, empujado por el destino, resulté matriculado en la facultad de ingeniería gracias a una beca que me otorgaron por ser hijo de una Maestra. Al terminar, trabajé por varios años como jefe en aquella misma vía... fue bonito, ahora soy lo que siempre quise ser.


A MI MANERA

De fracasar me tildan porque no hice
grandes fortunas con la ingeniería,
fracasado, supongo, porque quise
hacer de mis sentires... poesía.

Pero yo me pregunto si el fracaso
o el éxito se miden con monedas,
disfruta del cariño de un abrazo
y del amor sincero mientras puedas.

Yo tengo los haberes necesarios
para poder vivir tranquilamente:
pinceles y colores, libros varios
y una entrañable pluma reluciente.

No soy de los que cargan equipaje
ni llevo grandes cofres con aldaba,
lo apenas suficiente para un viaje
que sólo Dios decide cuando acaba.

Yo acuno las quimeras sosegadas 
de un alma juvenil en cuerpo viejo,
cabello cano, manos arrugadas
y un niño reflejado en el espejo.

Por eso sin destino voy andando
y vago por la vida cual errante,
renazco cada día recordando 
mi juventud amada, tan distante.

Soy feliz, soy feliz a mi manera
y salta el corazón alborozado,
cantando poesía por doquiera
  orgulloso de ser un "fracasado".

Hoy, de verdad quisiera,
en mi sesenta y siete cumpleaños:
olvidar los amargos desengaños.



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Derechos Reservados Copyright © 2019
Rafael Humberto Lizarazo G.

Imagen: San Laureano, Tunja
Del álbum familiar.


miércoles, abril 17, 2019

LA ESPERANZA PERSISTE





Cuando llegué a la Plaza de Bolívar ya la catedral estaba atiborrada, había feligreses hasta en el atrio y las escaleras de acceso. Por tal motivo y, sin más remedio, hube de escuchar el "Sermón del Domingo de Ramos" desde la plataforma exterior, bajo un cielo gris plomizo, que le daba al ambiente un místico aire de solemnidad. El resumidas cuentas, la homilía hablaba del amor, de ese amor que nos enseñó Jesús, el que todos debemos guardar en nuestros corazones para que finalmente se haga universal y su triunfo sobre el mal sea el comienzo de una nueva era... la esperanza persiste, al amor insiste.


CORONA DE ROSAS

Humildemente en pos de ti, Señor,
avanzo por la senda de la vida;
humildemente mi alma enardecida
implora por el triunfo del amor.

Humildemente, como el ruiseñor,
que aun prisionero canta sin medida:
humildemente mi alma entristecida
implora bendiciones con fervor.

Sé que con fe conseguiré mi anhelo
de ver el renacer de la esperanza,
al ocaso de tardes lastimeras.

Sé que al final levantará su vuelo
hacia lo eterno la ilusión que avanza
en busca de infinitas primaveras.

Lo sé, lo sé de veras,
  que al fin tu frente blancas golondrinas...
coronarán de rosas, no de espinas.

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Derechos Reservados Copyright © 2019
Rafael Humberto Lizarazo G.

Imagen: Plaza de Bolivar, Tunja
Fotografía propia



sábado, abril 13, 2019

EL HOMBRE DE LA BANQUETA





Era aquel pobre hombre una piltrafa humana. Estaba sentado en la banqueta con la cara entre las manos, parecía llorar. Me acerqué, puse mi mano sobre su hombro y le pregunté si podía ayudarlo de alguna manera. "Sí, amigo, me puede ayudar escuchándome por unos momentos, si no tiene usted problema". Me senté a su lado y escuché su historia: "No había en esta ciudad quien no me conociera, fui un hombre de éxito, un hombre caritativo, me quitaba el pan de la boca para ayudar al necesitado. Decisiones equivocadas me condujeron a la ruina, mi reputación rodó por el suelo y todo el mundo me volteó la espalda... ahora no soy nadie, pero aún tengo sueños". Concluyó apesadumbrado.

Escribe con sangre y aprenderás que la sangre es espíritu.
(Federico Nietzsche)

ALMA TRISTE
(Jotabea con estrambote)

La mente positiva y alegre el corazón,
la frente levantada y henchido de emoción.

Así quisiera fuera mi vida tormentosa,
al viento las campanas y todo color rosa;
abrazos y alegría de amante cariñosa
o cantos celestiales al alba deleitosa.

Mas mi ser se doblega tras ires y venires
que agobian y sepultan los mágicos sentires.

  Deseos imposibles, anhelos sin razón,
marchitas esperanzas, desidia presuntuosa
y oscuridad inmensa, por dondequiera mires.

Amargos devenires,
los de aquel indigente sentado en la banqueta,
con gesto pesaroso... con rasgos de poeta.

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Derechos Reservados Copyright © 2019
Rafael Humberto Lizarazo G.

Imagen: Hombre en la banqueta.
De la Internet.


Mi foto
Hacedor de versos, creador de canciones e inventor de historias.
Ingeniero de profesión, pero artista por vocación, o por lo menos, eso intento en pro de la conservación de nuestra identidad cultural. Nací en Paz de Río, Boyacá, Colombia, en un 23 de Abril del año 1952. Actualmente, resido en la noble y culta ciudad de Tunja, capital de nuestro hermoso Departamento. Escribo mis poemas con versos sencillos que, por lo general, se convierten en canciones. Me gustan las artes y suelo pintar, canto acompañado de la guitarra, monto en bicicleta, disfruto de la vida, cultivo mis amistades y vivo contento. Soy, en resumidas cuentas, un bohemio soñador con ganas de ser poeta y... de mis versos, cantor.

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