martes, julio 27, 2021

EL ÚLTIMO ROMÁNTICO





Quienes lo conocieron dejaron constancia de que fue un bohemio de largas noches, abrigado siempre por un negro gabán, la frente en alto y la mirada soñadora, andando taciturno a pasos lentos por todos los suburbios de Bogotá. Su inclinación hacia lo sombrío brotaba de sus venas, de su vital angustia, no era una postura; pues si algo hay que abonarle a la poesía de Julio Florez es su profunda sinceridad, esa que nace de un mundo poblado de angustias donde la felicidad es una quimera, esa que lo lleva a expresar en forma profunda su dolor de ser humano y lo absurdo de la existencia con el arte de lo romántico y de lo triste. Su destino de poeta lo induce a cantar a las desgracias humanas, al amor no correspondido, a la desolación de la noche y al rondar incesante de la muerte. "Algo se muere en mí todos los días, ya poco o nada de mi gloria queda", diría cuando sintió que se quedaba atrás, que llegaba la hora del retiro.


A JULIO FLOREZ 
(Soneto Alejandrino)

Taciturno e insomne luciendo altiva frente
y singular estampa, va de ronda el poeta,
pasea su amargura con actitud discreta
por sórdidas callejas, serena y lentamente.

La hermosa luna llena cual estrella fulgente
compañía le ofrece, gentil dama coqueta,
mientras acuna el vate su percepción secreta
de la desgracia humana, de la parca latente.

Algo se va muriendo tras las noches sombrías 
e imperan en su entraña fatales sinsabores,
no hay amor delirante, ni sueños ni alegrías.

 Ebullen en su pecho profundos estertores
y siente los embates de lentas agonías:
 dispuesta ya la fosa... negrecidas las flores.

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Derechos Reservados Copyright © 2021
Rafael Humberto Lizarazo G.

Imagen: Afiche promocional
HOMENAJE A JULIO FLOREZ
(Club de Lectura Suamox)


Julio Florez Roa, el último de los poetas Románticos de Colombia, nació en Chiquinquirá, Boyacá, el 22 de mayo de 1867 y murió en Usiacurí, Atlántico, el 7 de febrero de 1923. Fue un verdadero poeta popular, logró que su poesía calara hondamente en el alma de todo un pueblo, haciendo que sus versos los cantaran o recitaran miles de compatriotas, que hallaron en ellos la sencilla expresión de sus anhelos y frustraciones, de sus sentimientos y emociones. 

martes, julio 20, 2021

EL VEINTE DE JULIO





Amar la bandera es amar la patria... una patria triste y dolorida, una patria golpeada por una endemia de siglos: la violencia en todas sus manifestaciones, que nos llegó con la invasión de América y que se hizo más patética a través del tiempo. Tras ella, el éxodo que en las últimas décadas ha llevado a millares de gentes de las diferentes zonas geográficas del país a migrar hacia las grandes ciudades dejando atrás toda una vida y, sin otro camino, integrarse a los cordones de la miseria urbana que los convierte en parias de una sociedad indiferente. Es el drama de los jóvenes sin futuro, del campesino desplazado y del indígena perseguido por quienes, inmisericordemente, hacen de la guerra un productivo negocio. Pero, a pesar de todo, en el "Día de la Independencia" la patria se levanta orgullosa y nuestra bandera tricolor ondea altiva, no para celebrar el pasado, sino para imaginar lo que seremos si forjamos justicia y libertad.


LA TRICOLOR
(Lizaraejo)*

De fina seda y recamado escudo 
la tricolor ondea majestuosa,
ni la violencia doblegarla pudo.

Amarillo es el astro que dormita
en medio de las nubes purpurinas, 
albor sereno do el amor palpita.

Azul destellan ríos, mar y cielo
mientras el cóndor vigilante posa,
y ecos lejanos tañen desconsuelo.

Rojo fulgor de sangre derramada
allá sobre las cúspides andinas, 
dolor de patria, tierra idolatrada.

La tricolor ondea majestuosa
en medio de las nubes purpurinas,
mientras el cóndor vigilante posa
allá sobre las cúspides andinas.

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Derechos Reservados Copyright © 2021
Rafael Humberto Lizarazo G.

Imagen: Bandera colombiana
(De la Internet)




lunes, julio 12, 2021

EL PROFESOR, EL AMIGO...





Los sábados, infaltablemente, sonaba el teléfono: «Humbertico, por favor, resérveme una mesa de billar para ir en la tarde con Espinosa a jugar un ratico a las tres bandas, a ver cómo nos va esta vez; no se le vaya a olvidar echar unas varias politas a la nevera y alistar la música vieja que tiene por ahí guardada». El profesor Álvaro Galindo, oriundo de Ramiriquí, pero hijo adoptivo de Paz de Río, llegó a nuestro municipio por allá en los años setenta del siglo pasado para incorporarse a la planta docente del recién creado "Instituto de Bachillerato Técnico Industrial y Minero". Álvaro Galindo Muñoz, quien fuera uno de los pioneros de la educación técnica en la región, partió a la eternidad en días pasados. A su señora esposa, la profesora Martha Mejía, a sus hijos, nietos y demás familiares mis sentidas condolencias.


RECORDACIONES
(Soneto)

Don Álvaro Galindo un gran señor
que llegó Paz de Río, cierto día,
a fungir como ilustre profesor
en las artes de metalistería.

Formó con su magnífica labor
profesionales, hoy de gran valía,
que con su desempeño hacen honor
a una memoria consejera y guía.

Lejano ayer tatuado en la quimera
de aquello que perdura inmarcesible,
y fulge como lumbre por doquiera.

Amistad reflejada en lo intangible
de un alma bondadosa y muy sincera,
olvidar... olvidar será imposible.

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Derechos Reservados Copyright © 2021
Rafael Humberto Lizarazo G.

Imagen: Martha y Álvaro
(De la Internet)


Información del Autor

Mi foto
Un soñador, simplemente. Hacedor de versos, creador de canciones e inventor de historias. Artista autodidacta por sincera vocación y amor al arte, poeta lírico tradicional e ingeniero de profesión. Paz de Río, Boyacá, Colombia. 23 de abril del año 1952.

Los que vuelan conmigo

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