A estas alturas de la vida, cuando el peso de los años nos abruma, el estar vivo es un verdadero regalo celestial. El final se intuye cercano, pero todavía quedan sueños por cumplir: ver a los hijos realizados, contemplar a los nietos creciendo y seguir labrando caminos hasta recoger la cosecha de nuestra siembra a través de la existencia. Entonces, concluimos que el tiempo es una espiral, que la vida es de instantes y que lo más importante es el ahora, el presente, el único momento verdadero para habitar en este mundo.
CARPE DIEM
(Soneto Alejandrino)
Sin que nos percatemos se va yendo la vida
como un caudal sereno que fluye inagotable,
el pasado es recuerdo fugaz e inexpugnable
y el futuro no existe, la fecha es repetida.
La marca de los años a la frente ceñida
es el signo perenne del tiempo inexorable,
cada paso conduce rumbo a la inevitable
oscuridad profunda, donde todo se olvida.
El hoy es lo que cuenta, lo demás fantasía,
ayer, hoy y mañana, secuencia recurrente
en cúmulo de instantes tras el tictac del día.
Bajo las aureolas del astro incandescente
la muerte una costumbre, la gloria es utopía:
vivimos, fenecemos, habitando el presente.
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Rafael Humberto Lizarazo G.
Imagen: La espiral del tiempo
(De la Internet)



