jueves, 1 de octubre de 2020

LA MUÑECA DE MARTINA





Cuando Martina llegó al mundo, lo primero que recibió como regalo fue una muñeca de trapo envuelta en papel celofán. Martina es mi nieta más pequeña y la muñequita del cuento se llama Isabella. Su cara es rosadita con pecas en la nariz, tiene ojos color café y cabello colorado; se viste de rosa con zapatitos de tela y mediecitas a rayas; es enclenque, no se sienta ni se sostiene en pie, pero se mantiene el brazos de la pequeña durante todo el santo día y duerme junto a ella todas las noches. De vez en cuando, se van para la biblioteca municipal a leer libros con dibujitos. "Isabella sí es nombre de muñeca bonita", dice Martina. "No le digan Chabela, parece nombre de señora grande como la bisabuela Cecilia".


ISABELLA
La muñeca de Martina
(Jotabem)

Mi muñeca es muy bonita
con su cara redondita.

En la nariz pinta pecas
y tiene las piernas chuecas;
sufre de tos con jaquecas,
llora, ríe y hace muecas.

Anda muy entretenida
mi muñeca consentida.

Vive sobando la pita,
  la llevo a las bibliotecas...
y allí se queda dormida.



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Derechos Reservados Copyright © 2020
Rafael Humberto Lizarazo G.

Imagen: Paola, Martina e Isabela
(Del álbum familiar)


domingo, 27 de septiembre de 2020

POEMARIO COLECTIVO EN JOTABÉ





Juan Benito Rodríguez Manzanares, poeta, escritor y dramaturgo español, creador de la Rima Jotabé ha convocado al mundo de los Jotaberos a participar en el Poemario Colectivo "La Alegría de Vivir". El libro tendrá una temática predefinida que consiste en contar mediante un poema, en alguna de las variantes de la Rima Jotabé, lo hermoso de la vida en cualquiera de sus aspectos y manifestar la alegría que esto nos produce sin importar las circunstancias. Para unirme a la causa he compuesto un Jotabé Espejo, lo comparto agradecido por ser uno de los escogidos y poder estar en este maravilloso libro antológico.


ALEGRÍA DE VIVIR 
(Jotabé espejo) 

Aún conserva mi alma las pasiones 
que antaño regalaba a borbotones. 

Mucho guarda de plácido la vida 
a pesar de la ausencia y la partida, 
no es eterna la marca de una herida 
ni es afrenta lo amargo de la huida. 

Aún disfruto y vivo cada día 
cantando con fervor la dicha mía. 

Pues bajo celestiales bendiciones 
todo lo malo que al pasar se olvida: 
es fuente inagotable de ambrosía. 
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Entre la bruma de una tarde fría 
surge la fuerza que en mi ser anida, 
y vuelven a crecer las ilusiones. 

Se va… se aleja la melancolía 
cual fuera el eco de una letanía. 

Es mi alegría de vivir sentida, 
por tanto, la disfruto compartida,
no temo a triste soledad sufrida 
ni lloro a mares por la despedida. 

En mi pecho dos grandes corazones: 
¡Laten al ritmo de mis emociones! 

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Derechos Reservados Copyright © 2020
Rafael Humberto Lizarazo G.

Imagen: Portada del Poemario
(Juan Benito Rodríguez M)




jueves, 24 de septiembre de 2020

PAISAJES DE AQUEL AYER





Todo podrá borrarse de mi mente, menos aquellos maravillosos e inolvidables paisajes que contemplaba de niño cuando iba junto con mi madre por los caminos rurales hacia alguna la escuelitas en donde ella enseñó por muchos años. Paisajes que también contemplaba durante las partidas de caza con mi padre o en los paseos a la finca de los abuelos, tanto maternos como paternos. Los colores, los aromas, los sonidos y hasta los más pequeños detalles se quedaron tatuados en el alma, grabados para siempre como si fueran cortometrajes que, de cuando en cuando, vuelvo a ver proyectados en la sala de cine de mis fervientes sueños otoñales... Tantos y tantos recuerdos me ayudan a vivir e inspiran mis versos.


TIEMPOS IDOS
(Serventesios decasílabos)

Yo conservo metido en el alma
ese aroma de campo y jardín,
aún recuerdo el viento, la calma
y aquel verde paisaje sin fin.

Tengo musgo enredado en el pelo
cual los bucles del niño que fui,
y arreboles pintando mi cielo 
de un hermoso color carmesí.

Oigo el canto lejano de un ave
y el murmullo del agua al pasar,
voy dichoso volando en mi nave
al terruño, a la casa, al hogar.

Yo conservo metido en el alma
de los viejos el diario trajín,
el fogón, el arado, la enjalma
y vasijas untadas de hollín.

Tengo vivo y latente mi anhelo
de correr por donde antes corrí,
y pisar como antaño ese suelo
que me diera el amor que perdí.

Oigo infantes y guardo la llave
de la escuela do iba a estudiar,
y esa voz de mi madre que suave
me enseñó lo de nunca olvidar.

Yo conservo metido en el alma
ese aroma de campo y jardín,
aún recuerdo el viento, la calma
y aquel verde paisaje sin fin.

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Derechos Reservados Copyright © 2020
Rafael Humberto Lizarazo G.

Imagen: Paisaje de mi tierra
(De la Internet)

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