Gustavo Gil Fonseca, amigo desde siempre, era el empleado estrella de la entonces muy reconocida "Empresa Nacional de Telecomunicaciones" (Telecom) y el encargado de entregar puerta a puerta los sendos telegramas que desde distantes lugares llegaban hasta nuestro pueblo natal. Lo bautizamos como el "Gordo Gil o el Gordo Telecom" y era muy familiar su voz gritando a lo cuatro vientos en el zaguán de las casas: ¡Telegrama, telegrama!, telegrama para fulano, zutano o mengano. La estatal Telecom fue privatizada y tiempo después subastada al mejor postor. Luego, con los avances de la tecnología, el telegrama pasó a mejor vida, pero el señor Gil Fonseca sigue muy campante dando lora por el pueblo y sobando la pita con su dicharachera forma de ser. Gustosamente y para cumplirle lo prometido le escribí un soneto... ahí le va, pues, mi querido amigo, su telegrama vía Internet.
EL "GORDO GIL"
(Soneto con estrambote)
Bigotón como un charro mexicano
de sombrero, de poncho y con guitarra,
más que amigo parece ser hermano
y un compinche de todos en la farra.
No se arruga ni tiene el pelo cano
y el tiempo en su carrera no lo agarra;
querido y respetado, pues, no en vano,
ha sido ancla y timón de la gabarra.
Andaba por las calles muy ligero
entregando puntual los telegramas,
que llegaban de lejos al despacho.
Ya no es de Telecom el mensajero
ni vuela como un mico por las ramas,
pero es el "Gordo Gil" aún muchacho.
Exhibe su mostacho
sonriendo alegremente, cuando pasa,




