Toda la vida mendigando caridad, sentado en la banqueta frente a la plaza bancaria, pidiendo monedas de cien pesos, de cien y solamente de cien, no recibía de otras denominaciones. Nunca supe si era por necesidad o por mera costumbre, pero siempre estaba ahí con su adusta expresión pidiendo favores con escopeta. Por muchos años fue parte del paisaje lugareño: dicen que era millonario, que ahorraba todo lo que le daban, que hasta prestaba dinero al interés, que tenía varias propiedades y que casi ni comía pues era muy tacaño. Se murió de viejo, un día de tantos su figura ya no estaba en el lugar de siempre, se fue y nos dejó con la duda... aunque su funeral fue muy pomposo y varias mujeres de luto lloraron frente a la tumba, no fue posible aclarar si era verdad todo lo que de él se rumoraba.
DON EMETERIO
(Serventesios modificados)
Érase un hombre calvo y jorobado
Érase un hombre calvo y jorobado
y amargo y algo ruin;
que ocultaba su cráneo pelado
bajo de un peluquín.
Mantenía sentado en la banqueta
con gesto pensativo;
ponía adusta cara de escopeta
y ceño despectivo.
Un día lo miré cuando pasaba
y me miró también;
me dijo que si un pan le regalaba
o monedas de cien.
–Cien pesos son minucias, compañero,
y no se compra nada;
ni un tinto ni un bocado ni un puchero
ni un sorbo'e limonada.
ni un tinto ni un bocado ni un puchero
ni un sorbo'e limonada.
–Sin prisa, de a poquito, lentamente
se llenarán las cestas;
y una tarde de tantas, finalmente,
sin equipaje a cuestas:
sin equipaje a cuestas:
del pecunio podré gastar caudales
para comprar un fierro,
un trago de licor del quita-males
y sufragar mi entierro.
De viejo se murió don Emeterio
y me dejó pensando...
si toca para entrar al cementerio
vivir siempre ahorrando.
De viejo se murió don Emeterio
y me dejó pensando...
si toca para entrar al cementerio
vivir siempre ahorrando.
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Rafael Humberto Lizarazo G.
Imagen: El Limosnero
(De la Internet)
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