Contaban los abuelos que, por allá a comienzos de los años treinta del siglo pasado, hubo en el pueblo de La Paz un hombre de elevada estatura, barba larga, abundante cabellera y aspecto desagradable, conocido como el Mohán. Era un ser muy enamorado y pretendía a todas las jovencitas de la región, pero al verse constantemente despreciado decidió internarse en la montaña y se quedó a vivir cerca de una pequeña laguna, dedicándose a excavar túneles en busca de tesoros para regalarle joyas a las mujeres y así lograr conquistarlas. Tantos y tantos socavones debilitaron la tierra, se produjo un gran derrumbe que se tragó al Mohán y lo confinó a vivir en el fondo de la laguna, arrastrada por el deslizamiento hasta las cercanías del pueblo. Cuando alguna mujer pasaba cerca de la laguna el sol resplandecía, se escuchaban hermosas melodías y las féminas quedaban hechizadas al instante; pero cuando un hombre se acercaba, la laguna se embravecía, rugía el cielo, se desgajaban fuertes aguaceros y el caserío comenzaba a rodar lentamente cuesta abajo. Finalmente, en el año treinta y cinco, el pueblo fue refundado en un lugar seguro.
EL MOHÁN
(Soneto dodecasílabo)
En una pequeña laguna que había
cerquita del pueblo llamado La Paz,
extraño ermitaño maldito vivía
cazando mujeres coqueto y vivaz.
Con la voz preciosa de su melodía
lograba hechizarlas cual rayo fugaz,
y al fondo del lago en soleado día
caían las presas de aquel ser audaz.
Pero si algún hombre tranquilo pasaba
cerca de las aguas del pequeño espejo,
el sol se ocultaba... la tierra temblaba
y el pueblo gemía con amargo dejo,
mientras cuesta abajo la iglesia rodaba
entre carcajadas del Mohán ya viejo.
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Rafael Humberto Lizarazo G.
Imagen: Iglesia de Paz Vieja
(Paz de Río, Boyacá)





