―Humbertico... ¿Cuántas docenas le mando a timbrar para este año? ―Me preguntaba Don Ciro Franco mientras diligentemente alistaba su voluminoso catálogo de tarjetas navideñas. Al rato, en la cafetería de la señora Mery, en tanto saboreábamos un cafecito en leche con empanada, escogíamos los diferentes motivos para formalizar el navideño encargo. Esto era a finales de octubre, pero el pedido llegaba a principios del mes de diciembre, justo para enviar las tarjetas por el Correo Nacional. Es una lástima que esa bonita costumbre se haya olvidado con los años y ahora sea solamente un lejano recuerdo de tiempos mejores.
LAS TARJETAS
(Serventesios)
Ya no se usan tarjetas navideñas
timbradas con los nombres y apellidos;
enviadas solamente por las señas
a parientes y amigos más queridos.
Dispendiosa labor hacer la lista
de los merecedores del recado;
tocaba a la sazón ser analista
para que nadie fuera relegado.
Trabajaba con garbo aquel cartero
que bonitas misivas entregaba;
de abrazos y de besos mensajero,
me hacía sonreír cuando llegaba.
Pero ya no se escucha su silbato
ni se envían ni llegan la tarjetas;
sin embargo, imagino a cada rato
que lo veo cargando sus maletas.
Eran esas postales un tesoro
y con grande emoción las recibía;
mas hoy día con pesadumbre añoro
cuando cerca del árbol las ponía.
Recuerdo la hermosura del paisaje
que al abrirlas la vista contemplaba;
y el cariño sincero en el mensaje
de un letrero dorado que rezaba:
"Fulanito de tal y familiares
les desean a ustedes, por entero,
navidades felices en sus lares
y suerte para el año venidero".
Lo mismo desearles yo quisiera
a todos con cariño y alegría;



