Las flores de cempasúchil, cuidadosamente dispuestas en la entrada de las casas, señalan el camino a las almas que regresan del más allá para visitar a sus seres queridos, que aún permanecen en la tierra. Su aroma y su intenso color las guían hasta el lugar donde sus familiares las aguardan entre la alegría, el júbilo y la ensoñación. Esta milenaria tradición del Día de los Muertos, propia de México, contrasta con la del Día de los Difuntos en Colombia: mientras en la primera celebración se recibe simbólicamente a todas las almas que regresan para compartir con sus seres queridos, en la segunda son los familiares quienes visitan las tumbas, las engalanan con muchas flores y adornos para elevar sus oraciones, entre la evocación y el recuerdo, por el eterno descanso de quienes han partido.
DOS MUNDOS
(Soneto lizaraiano dodecasílabo)
Día de difuntos y gratas visitas,
y del «cempasúchil» refulge su llama;
la plegaria muda con denuedo clama
por fugaz regreso de ánimas benditas.
La vida es cual hoja de una frágil rama.
La muerte es eterna, mas no es el olvido,
es entre dos mundos un puente extendido.
Día de añoranzas tristes e infinitas,
y un sentir doliente compasión reclama;
la luz sempiterna con amor se inflama,
mientras en la tumba crecen florecitas.
La vida es cual hoja de una frágil rama.
Tras el postrer beso de los que han partido,
viajan mis anhelos al celestial nido.
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Rafael Humberto Lizarazo G.
Imagen: Camino de flores
De la Internet.

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