Muy cerca de mi casa, afortunadamente, tengo este colorido paisaje. Me basta con caminar unos cincuenta
minutos para llegar hasta la cima de una colina; desde allí puedo mirar hasta
donde la vista alcanza y ver las maravillas que nos regala la naturaleza. Unas veces voy a pie y otras en bicicleta: en
cualquiera de los dos casos la satisfacción es la misma, gracias a Dios.
TRAS DEL ALTO
(Redondillas)
Cuando me subo a la loma
y miro del otro
lado,
queda mi ser
extasiado
con el paraje que
asoma.
A lo lejos la
montaña
y en sus laderas maizales,
surcos de papa y frutales
con sus cercados
de caña.
En el plan los cebadales
y el trigal amarillando,
las ovejas retozando
entre los verdes pastales.
En el zanjón corre
el agua
entre matas de
tomillo,
de arrayán y de
mortiño
o palmeritas de
tagua.
Las casitas a lo lejos
semejan ser de juguete,
un caminito se mete
bajo los árboles viejos.
Una colcha de
retazos
el paisaje me
parece,
su belleza me
enternece
como si fueran abrazos.
Esa paz que se
respira
en mis hermosos parajes,
muestra coloridos
trajes
al viajero que los
mira.
Por eso me gusta
ir
cada mañana hasta
el alto,
a disfrutar del
encanto
que hace grato mi vivir.
Rahulig/013
DRA
Imagen: Chivatá, Boyacá
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