jueves, julio 02, 2015

EL HOMBRE DEL MALECÓN





De vez en cuando lo veía vagando por la orilla del río, recorriendo el malecón de punta a punta apoyado en un retorcido bordón y, me parecía que, hablaba solo. Cierto mañana, al pasar por su lado, me atreví a saludarlo: me contestó con un susurro, me ofreció un trago de su inseparable botella de licor, al tiempo que me extendía la otra mano en un gesto de amistad... bebí un trago, estreché su mano, me senté a su lado y escuché su triste historia. 


FANTASÍAS
(Jotabé)

I
Hay cosas que se van y no regresan,
hay otras que se quedan y nos pesan.

Por eso ando liviano de equipaje
y no me causa pena mi bagaje,
porque al final me iré con lo que traje:
la desnudez, como único ropaje.

No sirve tras riquezas la porfía,
 si por dentro la vida está vacía.

Las ramas ya torcidas no enderezan,
no oculta la miseria el embalaje,
no siempre una sonrisa es alegría.

II
No siempre una sonrisa es alegría
ni late un corazón de fantasía.

La bondad no se mide con monedas,
sé humilde en la grandeza, mientras puedas,
pues al cambiar los vientos tú te quedas
tan sólo con el ser que dentro llevas.

Si los hechos exhalan su fragancia,
ocultar la verdad es ignorancia.

Ya que... para quien miente llega el día
en el que errante por las alamedas:
¡Anhele deshacer tiempo y distancia!


Rahulig/015
DRDA


Imagen: El Malecón
Paz de Río



domingo, junio 28, 2015

DÉCIMAS DE LA OTRA VIDA





Cuando supe de la inesperada muerte de Doña Anfrosina, la mujer del negro Ulises, me fui apesadumbrado hasta su casa para darle el sentido pésame y acompañarlo en su pena, pero al llegar me tope con un ambiente de fiesta: todo estaba muy bien adornado con flores y festones de vivos colores, la gente en vez de llorar cantaba y bailaba mientras compartían algunos bocadillos… me dijo el negro que ellos no lloraban la muerte, sino que, celebraban la vida, la otra vida. Yo, para congraciarme, me uní al jolgorio recitando algunos versitos.


LA PARCA

Muchas veces me pregunto
si en verdad valdrá la pena
llorar como Magdalena
ante el cajón de un difunto:
pienso yo que tal asunto
para el muerto es alegría
y, aunque parezca tardía
mejor hacerle una fiesta,
pues al dormir esa siesta
ya no habrá melancolía.

La parca llegará un día
hasta nuestros aposentos,
y no valdrán los lamentos
ni ruegos en letanía,
tampoco valdrá porfía
del doctor más oportuno
porque no escapa ninguno
de las garras de la muerte
y, para sellar la suerte,
nadie se entierra con uno.

No es por ser inoportuno,
pero... la vida es finita,
y aunque sea muy bonita
no existe remedio alguno,
ni en Júpiter ni en Neptuno,
que pueda con su poder
salvarnos de perecer.
Por eso con valentía
mientras nos llega ese día:
 ¡cumpliremos el deber!


Rahulig/015
DRDA


Imagen: Mural Religioso
Iglesia de Quibdó



miércoles, junio 24, 2015

¡AY!, POBRE DEL CAMPESINO...





Los campesinos de mi tierra, los que viven de su pequeña parcela, los que ordeñan sus vaquitas para vender sus botellitas de leche y con lo poquito que les pagan ayudar al sustento del hogar: están siendo vilmente explotados por los intermediarios e industriales que le compran sus productos a precios miserables, aprovechándose de la necesidad, mientras se enriquecen a costas de esas manos trabajadoras, manos que nos proveen el alimento a los que vivimos en la ciudad, manos benditas. Y, para más tristezas, el gobierno ni suena ni truena.


TRES VAQUITAS

¡Ay!, pobre del campesino,
al que le toca tan duro,
jornaleando'e sol a sol
sin un salario seguro.

Ordeña sus tres vaquitas
pensando en vender la leche,
pero le pagan miserias
pa'que el rico se aproveche.

El que la compra se gana
cuatro veces lo paga'o,
y el ordeñador se queda
como perro regaña'o.

Se enriquece el industrial
y entre tanto el campesino,
sigue sacando su leche
a la orilla del camino.

Las leyes capitalistas
le dan al que tiene más,
y del que labra la tierra
no se recuerdan jamás.

Los señores del gobierno
estas vainas no las ven,
piensan que la vaca es toro
y que dos pesos son cien.

Si no fuera por las manos,
por las manos campesinas,
no habría comida en la mesa
de las gentes citadinas.

 A los hombre y mujeres,
los de ara'o y azadón,
les dedico con cariño
esta sencilla canción.

¡Ay!, pobre del campesino,
pobre qué será de él,
qué será de sus vaquitas
en este mundo tan cruel.


Rahulig/015
DRDA


Imágen: En el campo
De mi móvil


Mi foto
Ingeniero de profesión, artista por vocación. Vine al mundo en la población de Paz de Río (Boyacá, Colombia) en un mes de Abril del año de 1952 y, en la actualidad, resido en la ciudad de Tunja. Escribo mis poemas con versos sencillos que, por lo general, se convierten en canciones. Me gustan las artes, suelo pintar, toco la guitarra, monto en bicicleta, cultivo amistades y vivo contento. Muchísimas gracias por visitarme, leerme y comentarme: sus opiniones ponen alas a mis delirantes sueños... soy, en resumidas cuentas, un bohemio soñador intentando ser poeta, guitarrero y trovador. Las flores perecen, pero las semillas permanecen, cual las ilusiones que crecen y crecen.

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