lunes, 19 de septiembre de 2022

DESDE MIS VENTANALES





Don Leoncio, como lo hace todos los días al caer la tarde, camina lentamente hasta el balcón, se acomoda en la silla mecedora y comienza a balancearse tarareando alguna vieja canción mientras contempla como el sol se pierde tras las montañas allá en el horizonte. "Así es la suerte", murmura, "cuando llegamos al ocaso de la vida nos tratan como a un mueble viejo, nos acomodan el algún rincón para que no hagamos estorbo y poco a poco nos van olvidando. Aquí, en el mirador no molesto a nadie, contemplo el atardecer y espero la noche recordando que alguna vez tuve fuerzas para luchar y sacar adelante a la familia que hoy me ignora". 
 

OCASO
(Lizaraejoa)

En tanto miro el cielo desde mis ventanales,
allá en el horizonte los rojos encendidos
refulgen y se esconden en locas espirales.

Arreboles lejanos que en el confín silente
decoran las montañas al tañer de campanas,
e impávida se aleja la tarde ya muriente.

El astro rey se oculta do anidan los halcones,
así como en el alma palpitan escondidos
recuerdos inmortales de incautas ilusiones.

Se guardan, se atesoran bajo senil techumbre
candorosos albores de plácidas mañanas,
que signan el sendero para alcanzar la cumbre.

Allá en el horizonte los rojos encendidos
decoran las montañas al tañer las campanas,
así como en el alma palpitan escondidos
candorosos albores de plácidas mañanas.

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Derechos Reservados Copyright © 2022
Rafael Humberto Lizarazo G.

Imagen: Atardecer boyacense
(De la Internet)

jueves, 1 de septiembre de 2022

PREMIO "POESÍA DE MAYORES"

 



La Asociación de Jubilados y Pensionistas de España (Movimiento AJYPE) mediante su filial en Alicante, Comunidad Valenciana, organizadora del III Certamen Internacional Poesía de Mayores, según la valoración del Jurado Calificador, me ha declarado como ganador del "Primer Premio" en este importante concurso dirigido a personas de sesenta años o más. Honrado, emocionado y agradecido con la vida, comparto el diploma acreditativo junto con el poema premiado. Es sumamente gratificante saber que, a pesar de la edad y la nieve en el cabello, se nos brinda la oportunidad de sentirnos vivos para expresarnos a través de la palabra escrita y, humildemente, seguir soñando con un mundo mejor gracias a la magia de la poesía.


ACÍBAR
(Soneto)  

Entre los ecos de lejanos trinos
y coros de los cantos vesperales,
reposan mis anhelos otoñales
bajo las ramas de los ocres pinos.

Se va la vida, surca los caminos
como los desvaríos nocturnales,
y recuerdo caricias maternales
bajo el fulgor de cielos opalinos.

A mar abierto, tormentoso y frío
gusté el acíbar de embriaguez ignota,
albor fugaz de un corazón bravío.

La gratitud que la vejez denota
trae a mi mente lo que ayer fue mío,
al evocar la juventud remota.

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Derechos Reservados Copyright © 2022
Rafael Humberto Lizarazo G.

Imagen: Credencial Diploma
(Movimiento AJYPE)


martes, 23 de agosto de 2022

LA CASITA BLANCA





Tal vez haya sido mía la culpa, tal vez no supe valorar el gran amor que me brindaba, tal vez pudo más el llamado de los placeres citadinos que la tranquilidad del humilde hogar allá en la montaña. No lo sé, pero ahora me arrepiento, ahora comprendo que todo lo tenía y no me daba cuenta; ahora, de nada sirve llorar, solamente me reconforta el maravilloso recuerdo de aquella tierna mujer que me trajo a la vida y la grata remembranza de la infancia en un remanso paz, amor y felicidad. Ahora... es demasiado tarde, el destino es inexorable y el tiempo no perdona, lo sé bien, poco a poco me acerco a tu regazo: ¡Madre mía!


RUINAS
(Vals ranchero)

Allá en la casita blanca
donde dichoso viví el ayer,
quedó el recuerdo bendito
de cariñosa y tierna mujer.

Por caprichos del destino 
de mi ranchito yo me alejé,
y al volver sólo las ruinas
desde lo lejos las divisé.

Y en el solar de la casa
  una cruz de palo sembrada vi...
y pintado el nombre de ella
murió de pena porque me fui.

Son gravísimos pecados
la indiferencia y la ingratitud,
pero eso no lo pensamos
cuando tenemos la juventud.

El dulce amor que nos brinda
una santa madre sin condición,
es el más grande tesoro
puesto que nace del corazón.

Los hijos somos ingratos
y algunas veces obramos mal,
luego erramos por el mundo
como paloma sin su nidal.

La vida siempre nos cobra
  todas las deudas se han de pagar...
y después de lo causado
de nada vale tristes llorar.

Son gravísimos pecados
la indiferencia y la ingratitud,
pero eso no lo pensamos
cuando tenemos la juventud.



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Derechos Reservados Copyright © 2022
Rafael Humberto Lizarazo G.

Imagen: La casita blanca
(Rosa Chanagá)


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